Buenas prácticas de fabricación (BPF) Industrial Segura de piensos

Las recomendaciones para la reducción de las micotoxinas en los cereales se dividen en dos partes: las prácticas recomendadas en base a las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y las Buenas Prácticas de Fabricación (BPF).

Es recomendable seguir unas prácticas adecuadas de higiene de las materias primas para la alimentación animal durante el envasado, almacenamiento, transporte y producción de los piensos, para minimizar que se contaminen con micotoxinas.

Una vez más, la prevención forma parte de la mejor solución.

Inmediatamente después de la recolección, es necesario determinar los  niveles de humedad de la cosecha; cuando corresponda, secarla hasta obtener el contenido de humedad recomendado para el almacenamiento del cultivo en cuestión. Las muestras que se tomen para efectuar las mediciones de la humedad deben ser tan  representativas del lote como sea posible. Para reducir la variación del contenido de humedad dentro del lote, el grano puede transportarse a otra instalación o silo después del proceso de secado.

Los cereales deben secarse de manera que se reduzca al mínimo el daño sufrido por los granos y los niveles de humedad se mantengan por debajo de los que permiten el desarrollo de hongos durante el almacenamiento (por lo general, menos del 15 por ciento) a fin de evitar la proliferación de una serie de especies de hongos, sobre todo de Fusarium, que pueden estar presentes en los granos frescos.

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BUENAS PRÁCTICAS DE FABRICACIÓN: RECOMENDACIONES EUROPEAS PARA NEUTRALIZAR MICOTOXINAS

Las autoridades sanitarias europeas cuentan con una Guía de Buenas Prácticas de Fabricación con el fin de reducir la contaminación de micotoxinas en alimentos para animales y para alimentos humanos.

Gracias a esta guía, los agricultores y productores tienen la orientación para lograr modificar hábitos de cultivo y almacenamiento de cereales, logrando reducir los niveles de micotoxinas en los cultivos y en los cereales, así como la formación de ocratoxina A.

Uno de los aspectos en los que más insiste dicha guía es en el de evitar rotaciones intensas de las cosechas de trigo, maíz, avena y cebada, productos donde aparecen con facilidad los hongos.

Por otro lado, también se insiste en la necesidad de garantizar las condiciones óptimas de almacenaje; es decir, temperatura regulada, buena ventilación y control de humedad, entre otros. Estos factores son fundamentales cuando se trata de productos que se deben acumular en grandes cantidades.

Las recomendaciones de la Guía de Buenas Prácticas de Fabricación parten de la idea de que los controles deben empezar desde las primeras fases de producción. De hecho, diferentes estudios confirman que muchas de las micotoxinas son estables y pueden mantenerse y multiplicarse incluso en temperaturas elevadas y en ciertos procesos industriales.

LAS BUENAS PRÁCTICAS DE FABRICACIÓN Y EL CONTROL

Además de la aplicación de las Buenas Prácticas de Fabricación, el control es otro paso fundamental para lograr la reducción de los niveles de micotoxinas.

La recomendación es contar con un sistema de Análisis de Peligros y de Puntos de Control Crítico (APPCC).

Estos controles son requeridos por las autoridades oficiales de control de alimentos y son de aplicación obligatoria en la industria alimentaria.

El sistema APPCC se basa en los siguientes pilares:

  • Estrategias de Buenas Prácticas de Fabricación
  • Buenas Prácticas de Higiene
  • Buenas Prácticas Agrícolas
  • Buenas Prácticas de Almacenamiento