BIŌNTE® QUIMITŌX® PLUS: UNA SOLUCIÓN EFICAZ PARA LA REDUCCIÓN DE AFLATOXINA M1 (AFM1) EN VACAS LECHERAS

Los resultados muestra la mitigación de riesgo por Aflatoxina M1, garantizando la inocuidad láctea.

Introducción

       La contaminación de alimentos y piensos con micotoxinas representa una amenaza global para la seguridad alimentaria con una profunda trascendencia económica y de salud pública. Este escenario impulsa a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) a actualizar continuamente sus evaluaciones de riesgo para establecer los contenidos máximos permitidos en la cadena alimentaria (Bodas et al., 2023). Estas sustancias son metabolitos secundarios producidos naturalmente por hongos filamentosos fitopatógenos, principalmente de los géneros Fusarium, Aspergillus y Penicillium spp., los cuales son químicamente muy estables y persistentes (Schrenk et al., 2020).

       La exposición de los rumiantes a la aflatoxina B1 (AFB1) ocurre a través de la ingesta de forrajes y alimentos balanceados contaminados (Pichardo-Matamoros & Elizondo-Salazar, 2020). Los cereales y sus subproductos representan una fuente y riesgo de exposición más significativa, destacando el maíz, trigo, cebada, avena, sorgo y arroz, así como el uso de semillas oleaginosas como la soja, algodón y cacahuete (Bodas et al., 2023). El maíz, por ejemplo, es el cereal con la mayor prevalencia de aflatoxinas a nivel mundial y su inclusión elevada en los piensos lecheros es un factor de riesgo crítico (Tolosa et al., 2021). La contaminación en estas materias primas se ve fuertemente favorecida en climas cálidos y húmedos, agravada por el estrés de sequía en las plantas, en el campo o por deficientes condiciones de almacenamiento (Pichardo-Matamoros & Elizondo-Salazar, 2020).

       Tras la ingesta de AFB1 la microbiota del rumen degrada una pequeña fracción de la AFB1 en metabolitos menos tóxicos como el aflatoxicol. Aunque este último se considera tradicionalmente menos tóxico, su importancia radica en que puede actuar como un reservorio, siendo capaz de reconvertirse nuevamente en AFB1 bajo la acción de una enzima, lo que prolonga la exposición sistémica del animal (Tolosa et al., 2021). La AFB1 remanente se absorbe en el tracto digestivo y, a través del sistema enzimático del citocromo P450 en el hígado, se transforma mediante hidroxilación en aflatoxina M1 (AFM1), la cual se excreta finalmente en leche, orina y heces (Pichardo-Matamoros & Elizondo-Salazar, 2020). La AFM1 es altamente soluble en agua, lo que le permite llegar fácilmente a la glándula mamaria (Medina, 2023).

       La tasa de transferencia (porcentaje de AFB1 consumida que se secreta como AFM1) en rumiantes fluctúa generalmente entre el 0,3% y el 6,2% e incluso puede sobrepasar el 7% (Bodas et al., 2023; Pichardo-Matamoros & Elizondo-Salazar, 2020; Medina, 2023). Esta tasa está altamente correlacionada con el volumen de producción lechera, es decir, las vacas de alta producción o aquellas que cursan la etapa temprana o media de la lactancia transfieren mayor cantidad de toxina en la leche (Fels-Klerx & Camenzuli, 2016; Medina, 2023). Debido a que el metabolismo es muy veloz; se detecta AFM1 en plasma sanguíneo apenas 5 minutos después del consumo de AFB1 (Gallo et al., 2008). Su excreción por leche empieza a ser evidente entre 12 y 24 horas después del consumo del alimento contaminado. Si la ingesta se mantiene de forma continua, el nivel de AFM1 en leche incrementa rápido hasta llegar a un estado estacionario entre las 24 horas y los 7 días de exposición constante (Diaz et al., 2004). Al interrumpir el suministro del alimento contaminado, las concentraciones de AFM1 decaen, de manera que los residuos en leche desaparecen en un periodo de 72 a 96 horas (Pichardo-Matamoros & Elizondo-Salazar, 2020).

       Debido al impacto en la salud pública, la presencia de AFM1 esta estrictamente regulada, aunque los limites máximos permitidos varían según la región y sus políticas de seguridad alimentaria (Turna et al., 2022). La Unión europea (EFSA) aplica uno de los criterios mas rigurosos, estableciendo un límite máximo de 0,05 ppb (µg/kg) para la leche cruda, tratada térmicamente y la destinada a la fabricación de productos lácteos (Tolosa et al., 2021). En contraste, otras regiones como Estado unidos (FDA) y varios países de Latinoamérica permiten un límite de hasta 0,5 ppb (µg/kg). Correlativamente, el límite máximo de aflatoxina total en materias primas es de 20 ppb (µg/kg).

       A diferencia de otros contaminantes, la AFM1 posee una alta estabilidad térmica, lo que implica que no se inactiva con los métodos tradicionales de pasteurización, esterilización o tratamiento UHT aplicados en la industria láctea (Medina, 2023). Al procesarse, se asocia predominantemente a la caseína, lo que hace que su concentración se eleve de 3 a más de 5 veces en los quesos respecto a la leche líquida utilizada para su elaboración (Silanikove et al., 2010).

       Este proceso metabólico conlleva graves consecuencias, provocando daños hepáticos severos, alteraciones en el rumen, problemas reproductivos y una marcada inmunosupresión que reduce el rendimiento productivo (Tolosa et al., 2021). Estos efectos a menudo se confunden con infecciones comunes del rebaño o alteraciones metabólicas.

       Ante este panorama, se exigen soluciones biotecnológicas como BIŌNTE® QUIMITOX® PLUS, diseñado bajo estrictos estándares científicos cuya eficacia reside en una combinación única de minerales, fitogénicos y componentes orgánicos. Los minerales seleccionados actúan en el tracto digestivo capturando las moléculas de AFB1 antes de su absorción, impidiendo así que lleguen al hígado para ser transformadas por el sistema enzimático del citocromo P450. De forma complementaria, los extractos fitogénicos como la silimarina protegen la integridad hepática durante los procesos de hidroxilación. Al reducir drásticamente la carga de aflatoxinas que alcanza el torrente sanguíneo, el producto logra bloquear la transferencia final de AFM1 hacia la glándula mamaria, garantizando que la leche producida cumpla con los estándares de inocuidad exigidos por la EFSA.

       Con el objetivo de validar su eficacia en reducir la concentración de AFM1 en leche de vacas lecheras, se llevó a cabo un estudio de campo en la México, en colaboración con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Diseño experimental

       El estudio se estructuro bajo un modelo de desafío en condiciones de producción real. El diseño experimental consistió en un grupo de 170 vacas lecheras de la finca AGRASISA, las cuales fueron sometidas a un perfil crítico de co-contaminación natural en su dieta. La ración presentaba niveles altos de aflatoxinas y deoxinivalenol y niveles bajos de zearalenona. El protocolo de intervención se basó en el suministro de una dosis de 40 g/vaca/día de BIŌNTE® QUIMITŌX® PLUS incorporada en el alimento.

       Durante las cuatro semanas que duró el estudio, los parámetros evaluados incluyeron la medición cinética semanal de la concentración de AFM1 en leche (expresada en ppb) para cuantificar la tasa de transferencia residual, así como el seguimiento de la integridad metabólica y la resiliencia del animal ante el desafío multiclave.

Resultados

Figura 1. Disminución de los niveles de AFM1 en leche durante un periodo de 3 semanas tras suministrar BIŌNTE® QUIMITŌX® PLUS.

       La inclusión de BIŌNTE® QUIMITOX® PLUS en la dieta de los animales, demostró una reducción drástica y sostenida de la toxina en el producto final. En la primera semana de control inicial, la concentración de AFM1 en leche se situó en aproximadamente 0,37 ppb. Tras el inicio de la suplementación, se observó un descenso significativo durante las semanas dos y tres, alcanzando su punto de máxima remisión en la cuarta semana con niveles de aproximadamente 0,08 ppb. Al finalizar el estudio, BIŌNTE® QUIMITOX® PLUS demostró su alta capacidad de adsorción y bioprotección al lograr una reducción total de 79,4% en la concentración de AFM1 en leche en comparación con los valores iniciales. 

Conclusión

BIŌNTE® QUIMITOX® PLUS es una solución robusta y eficaz para mitigar la excreción de residuos tóxicos en vacas expuestas a dietas multi-contaminadas, asegurando tanto la salud y longevidad del hato, como la inocuidad alimentaria requerida por los mercados globales y la salud pública.

Micotoxinas en alimentos para animales
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