EFECTOS DE LAS MICOTOXINAS MODIFICADAS EN PORCINO

Introducción

       Las micotoxinas son metabolitos fúngicos que representan un riesgo significativo en la alimentación animal. Entre las especies de ganado, los cerdos son los más susceptibles a los efectos adversos de estas toxinas, que se clasifican como micotoxinas prevalentes, emergentes y modificadas.

       Las micotoxinas modificadas son las formas alteradas química o biológicamente de la micotoxina madre (la micotoxina producida directamente por el hongo) (Lorenz et al., 2018). Son metabolitos secundarios de hongos, plantas o animales, que, como mecanismo de defensa, detoxificación o metabolismo, alteran químicamente la estructura original. Aunque la toxicidad de las formas modificadas varía, estas micotoxinas representen un riesgo oculto, ya sea por su propia toxicidad o por su capacidad de regenerar la micotoxina madre de la que proceden (Nešić et al., 2023; Lorenz et al., 2018).

       La relevancia toxicológica de estas formas modificadas en cerdos reside en su destino metabólico: a menudo, el grupo polar del conjugado se escinde (hidroliza) en el tracto intestinal, liberando la micotoxina primaria (Nešić et al., 2023). Esta liberación de la micotoxina primaria puede dar lugar a la subestimación de la exposición ya que las micotoxinas modificadas no suelen incluirse en los análisis rutinarios y, sin embargo, contribuyen a la exposición tóxica total del animal (Binder et al., 2017). Es fundamental evaluar estas formas modificadas para una evaluación completa del riesgo.

Micotoxinas modificadas de la zearalenona

       La zearalenona (ZEA) es una micotoxina macrocíclica conocida por su potente efecto estrogénico (Binder et al., 2017; Pierzgalski et al., 2021). Los cerdos son altamente sensibles a la exposición a ZEA debido a que la biotransforman fundamentalmente al derivado α-zearalenol (α-ZEL), un metabolito con una actividad estrogénica significativamente mayor que la micotoxina inicial (Tkaczyk y Jedziniak, 2021; Pierzgalski et al., 2021). La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) asignó a α-ZEL un Factor de Potencia Relativa (FPR) de 60,0, indicando que tiene un efecto estrogénico 60 veces más potente que la ZEA (Lorenz et al., 2018; Pierzgalski et al., 2021). Esta alta potencia hace que la correcta estimación de la exposición sea especialmente crítica.

       La toxicidad de α-ZEL va más allá de su acción estrogénica. Este metabolito es capaz de modificar el ADN mediante la alteración de patrones de metilación y la acetilación de histonas en las células (Pierzgalski et al., 2021). Este impacto epigenético puede alterar la expresión génica de vías cruciales, lo que sugiere que α-ZEL puede contribuir al desarrollo de enfermedades metabólicas en cerdos.

       En estudios in vivo en lechones se ha demostrado que tres formas modificadas de ZEA se hidrolizan completamente en el tracto gastrointestinal: los metabolitos vegetales ZEA-14-O-β-glucósido (ZEA-14-Glc) y ZEA-16-O-β-glucósido (ZEA-16-Glc), y el metabolito fúngico ZEA-14-sulfato (ZEA-14-S) (Binder et al., 2017; Lorenz et al., 2018). La ausencia de estas formas intactas en la orina y las heces, tras su administración oral, confirma su rápida hidrólisis (Binder et al., 2017). Debido a esta hidrólisis completa, la EFSA ha reconocido que ZEA-14-Glc, ZEA-16-Glc y ZEA-14-S deben considerarse en la evaluación de riesgos, sugiriendo que la suma de ZEA y sus metabolitos naturales se establezca como un valor guía o máximo grupal para proteger la salud animal (Binder et al., 2017; Lorenz et al., 2018). La relevancia clínica de la ZEA modificada se evidenció claramente en un caso de campo en el que lechones lactantes desarrollaron hiperestrogenismo, con vulvas hinchadas y enrojecidas, y síndrome splay leg, después de que las cerdas consumieran heno con una concentración de ZEA-14-S (530 μg/kg) que excedía la de ZEA (479 μg/kg). Se concluyó que esta forma modificada contribuyó a la carga total de ZEA en los animales, confirmando su papel como precursor de la toxicidad clínica (Henning-Pauka et al., 2018).

Micotoxinas modificadas del deoxinivalenol

       Respecto al deoxinivalenol (DON), también existen formas modificadas de alta prevalencia. El DON-3-β-D-glucósido (DON-3G), un conjugado de origen vegetal, se hidroliza de manera eficiente en el tracto gastrointestinal de los cerdos, liberando el DON y, por lo tanto, contribuyendo a la exposición total (Pierzgalski et al., 2021; Tkaczyk y Jedziniak, 2021). De manera similar, los derivados acetilados de DON (3-AcDON y 15-AcDON) son metabolitos fúngicos que se hidrolizan para liberar DON en el intestino, y se consideran los metabolitos más tóxicos del DON parental (Pierzgalski et al., 2021; Tkaczyk y Jedziniak, 2021). Por otro lado, el de-epoxi-deoxinivalenol (DOM-1), un metabolito microbiano, ha mostrado una toxicidad notablemente reducida en lechones: a diferencia del DON, el DOM-1 oralmente administrado no indujo vómitos ni cambios patológicos en el hígado o los intestinos (Pierzgalski et al., 2021).

Biomonitoreo de micotoxinas modificadas en cerdos

       Dada la naturaleza «enmascarada» de estas micotoxinas y la distribución heterogénea en el pienso, la forma más precisa de evaluar la exposición individual y la toxicocinética en cerdos es mediante el biomonitoreo de metabolitos en matrices biológicas (Tkaczyk y Jedziniak, 2021). Para la ZEA, el metabolito α-ZEL en la orina es un biomarcador adecuado de exposición, mostrando una correlación lineal positiva dosis-respuesta (Tkaczyk y Jedziniak, 2021; Binder et al., 2017). Para el DON, el metabolito DOM-1 en la orina es un biomarcador de exposición fiable, mostrando también una relación dosis-respuesta lineal positiva (Tkaczyk y Jedziniak, 2021).

       Es importante destacar que los glucurónidos y otros conjugados, como el α-ZEL-14-GlcA, a menudo requieren digestión enzimática (con β-glucuronidasa) de las muestras biológicas para ser cuantificados, ya que los estándares analíticos no están disponibles para la cuantificación directa de muchos conjugados (Tkaczyk y Jedziniak, 2021; Lorenz et al., 2018).

Conclusión

La investigación toxicológica de las micotoxinas en cerdos subraya que las micotoxinas modificadas son precursores tóxicos activos que aumentan significativamente los niveles de riesgo a los que están expuestos los animales. Por lo tanto, para una gestión eficaz de la salud porcina, es imprescindible que las evaluaciones de riesgo incluyan la cuantificación de estas formas modificadas y la monitorización de biomarcadores clave como α-ZEL y DOM-1 (Tkaczyk y Jedziniak, 2021).

A pesar de la evidencia que confirma su toxicidad, se requiere urgentemente más investigación para la obtención de datos toxicológicos específicos, sobre los efectos y la cinética de estas micotoxinas modificadas en el ganado porcino. Una base de datos más robusta y completa es esencial para establecer umbrales de seguridad más precisos y mejorar las estrategias de prevención y mitigación en la producción porcina.

Micotoxinas en alimentos para animales
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