Introducción
El cerdo es una especie de importancia significativa dentro del sector ganadero y la economía global, además de ser uno de los animales más sensibles a las micotoxinas, especialmente a aquellas producidas por el hongo Fusarium. Las micotoxinas son metabolitos secundarios tóxicos de bajo peso molecular producidos por ciertos géneros de hongos, que pueden contaminar los alimentos durante la cosecha, el procesamiento o el almacenamiento.
Se identifican micotoxinas bien conocidas y altamente peligrosas para las que la Unión Europea (UE) ha establecido niveles máximos permitidos en materias primas y alimentos. Sin embargo, existe una creciente preocupación por otros metabolitos secundarios de los hongos, cuya regulación aún está en desarrollo: las micotoxinas emergentes. El término «micotoxinas emergentes» se utiliza para describir aquellas micotoxinas que no se determinan de forma rutinaria ni están reguladas legislativamente, a pesar de que ya existe evidencia de sus efectos adversos para la salud humana y animal (Arroyo-Manzanares et al., 2019; Khoshal et al., 2019; Krug et al., 2018). Estos compuestos están ganando más atención debido a su alta frecuencia de contaminación en piensos y materias primas para la alimentación animal (Hasuda et al., 2023).
Entre las micotoxinas emergentes más prevalentes a nivel global, especialmente en los piensos, se encuentran: enniantinas (ENNs), beauvericina (BEA), apicidina (API), emodina (EMO), aurofusarina (AFN) y esterigmatocistina (STC).
Ocurrencia y co-contaminación
La alta incidencia de micotoxinas, tanto reguladas como emergentes, en la alimentación animal, especialmente en la porcina, es un fenómeno constante (Arroyo-Manzanares et al., 2019; Khoshal et al., 2019). Dada la alta proporción de cereales en la dieta porcina, los cerdos son una de las especies animales más expuestas a estas toxinas (Arroyo-Manzanares et al., 2019).
Se han desarrollado diversos estudios exhaustivos de ocurrencia en piensos para cerdos que confirman la elevada prevalencia de micotoxinas emergentes. Arroyo-Manzanares et al. (2019) analizaron 228 muestras de pienso para cerdos en España y encontraron que la enniatina B (ENNB) estuvo presente en el 100% de las muestras a una concentración media de 118 µg/kg, alcanzando un máximo de 1222 µg/kg. La BEA se detectó en el 93,4% de estas muestras a una concentración media de 20,7 µg/kg y una máxima de 747 µg/kg. El 40% de las muestras estaban contaminadas por más de 5 micotoxinas (incluyendo micotoxinas prevalentes y emergentes).
Khoshal et al. (2019) analizaron, en un estudio global, 524 muestras de pienso para cerdos y demostraron que el 88% de las muestras estaban co-contaminadas con deoxinivalenol (DON) y otras micotoxinas reguladas o emergentes. Las micotoxinas emergentes más prevalentes co-ocurriendo con DON a nivel mundial fueron la ENN B (91%; concentración media: 32 µg/kg), la ENN B1 (92%; concentración media: 37 µg/kg), la BEA (89%; concentración media: 7 µg/kg), la API (65%; concentración media: 7 µg/kg), la EMO (90%; concentración media: 5 µg/kg) y la AFN (89%; concentración media: 211 µg/kg).
La presencia simultánea de varias micotoxinas en el pienso para cerdos es un fenómeno muy frecuente y un factor de riesgo crítico, ya que la toxicidad combinada de múltiples metabolitos fúngicos puede exacerbar los efectos adversos en la salud y el rendimiento de los animales. La toxicidad de los compuestos cuando se presentan juntos no puede predecirse basándose en su toxicidad individual, ya que pueden dar lugar a efectos aditivos, antagónicos o sinérgicos (Khoshal et al., 2019; Muñoz-Solano et al., 2024).
Efectos de las micotoxinas emergentes en porcino
La exposición porcina a las micotoxinas emergentes representa un riesgo sistémico y orgánico que se ve complicado por el fenómeno de la co-contaminación (Khoshal et al., 2019; Novak et al., 2021).
El impacto más crítico de la exposición combinada se observa en el rendimiento de los cerdos, especialmente en la fase de destete, un periodo ya de por sí crítico para los lechones (Novak et al., 2021). Un estudio in vivo de 14 días en lechones destetados (de 28 a 29 días de edad) demostró que la contaminación de BEA, ENN B y ENN B1 junto con DON condujo a una disminución significativa en la ganancia de peso corporal de los animales, en comparación con el grupo de control. Este efecto en el rendimiento no se observó en el grupo expuesto únicamente a los metabolitos emergentes, lo que subraya que la disminución en el rendimiento no fue causada por los metabolitos emergentes de forma aislada, sino por el efecto sinérgico o aditivo con el DON (Novak et al., 2021). Además, esta disminución en el crecimiento se correlacionó con una tendencia a la reducción en el consumo de pienso. Por otro lado, a nivel orgánico todas las dietas contaminadas indujeron lesiones histológicas de moderadas a graves en el yeyuno, el hígado y los ganglios linfáticos (Novak et al., 2021).
A nivel intestinal, la evaluación de la toxicidad individual en células epiteliales porcinas (IPEC-1) mostró que la API y la enniatina A1 (ENN A1) son más tóxicas que el DON por sí solas (Khoshal et al., 2019). En muestras de hígado porcino analizadas en estudios ex vivo, la ENN B1 indujo cambios significativos en la morfología hepática tras una exposición aguda, caracterizados por vacuolación citoplasmática, megalocitosis y vacuolación nuclear de los hepatocitos (Hasuda et al., 2023).
En el contexto de la neurotoxicidad potencial, las ENN B y ENN B1 demostraron la capacidad de ser transportadas a través de la barrera hematoencefálica (in vitro), lo que sugiere posibles efectos neurotóxicos en el parénquima cerebral de los animales (Krug et al., 2018).
La exposición a la combinación de BEA y ENNs impactó significativamente la microbiota fecal de los lechones, especialmente en combinación con DON. Esta combinación de micotoxinas hizo que la diversidad microbiana fuera significativamente menor (medida por el índice Shannon) (Novak et al., 2021). Respecto a la interacción de toxicidad, la co-ocurrencia con DON produce efectos que difieren según el tejido. Mientras que los estudios in vitro con células intestinales porcinas (IPEC-1) sugirieron que la toxicidad de las mezclas de DON con micotoxinas emergentes era generalmente similar o inferior a la toxicidad del DON individualmente, lo que indicaría un efecto antagónico o aditivo (Khoshal et al., 2019). El efecto in vivo demostró ser sistémicamente perjudicial, con la mezcla BEA + ENNs + DON causando la disminución significativa de la ganancia de peso (Novak et al., 2021). Este contraste subraya la necesidad de investigar las interacciones complejas de las micotoxinas en un contexto orgánico completo (Novak et al., 2021).
Conclusión
Las micotoxinas emergentes representan una preocupación creciente para la salud y la productividad del ganado porcino. A pesar de ello, existen pocos estudios in vivo que validen los hallazgos de laboratorio, y esta falta de información limita la creación y aplicación de regulaciones claras. Las normas actuales no abordan completamente los riesgos asociados a las micotoxinas emergentes, ni los peligros de la exposición combinada a micotoxinas.